Soy el dueo de mi destino: Vida resuelta a los 30

La vida es bastante compleja, mucho más de lo que se podría pensar normalmente. Todas las personas son diferentes y sus maneras de pensar difieren tanto como sus propias personalidades; es así como unos sufren innecesariamente, otros buscan la felicidad en pequeños detalles intrascendentes y hay otros que pasan el día soñando, pensando en cómo cumplir nuestras metas realidad y vivir la vida que siempre hemos soñado.

Yo era una persona normal que vivía una vida promedio, pero mi gran anhelo en la vida era poder viajar por el mundo; conocer personas y lugares nuevos, y por sobre todas las cosas abandonar el estrés que azota el día a día a casi todos los miembros de la sociedad. 

Cuando era un adolescente no sabía qué es lo que quería ser, pero sí sabía a dónde quería llegar (este sueño tiene mucho más tiempo del que parece). Toda mi familia me presionó para continuar con mis estudios y así fue: pasé por el instituto sin penas ni glorias y pude ingresar a la universidad, en donde me gradué pocos años después. Fue una buena sensación, debo admitirlo, pero aún me faltaba algo.

Los primeros pasos

Los años pasaron y en mi mente se iba gestando un plan: el de poder conseguir un negocio lo suficientemente lucrativo como para que me permitiera hacer prácticamente lo que yo quisiera sin necesidad de tener que preocuparme por tener un trabajo, un sueldo, un horario y todas esas cosas que todos hemos aborrecido alguna vez.

Es entonces cuando un día como cualquier otro me senté al frente del ordenador y comencé a hacer búsquedas en internet. Lo que comenzaron como inocentes dudas terminaron encendiendo una chispa dentro de mí; la de invertir en inmuebles y poder cuanto menos intentar perseguir mis sueños con todas las ganas del mundo.

Me informaba poco a poco y trataba de conseguir la manera más segura de no perder mi dinero; así fue como tomé una pequeña casa que pertenecía a mi abuelo en las afueras de la ciudad y luego de algunas remodelaciones pertinentes la convertí en el sitio perfecto para ser alquilada.

Siguiendo un plan

Mi idea comenzaba a dar frutos y comencé a ahorrar. Guardé tanto dinero como pude, por lo que no abandoné mi trabajo principal, aunque la verdad es que mi rendimiento ya no sería el mismo, pasaba el día pensando en cómo ingeniarmelas para generar más y más ingresos. Después de haber ahorrado suficiente como para tener varios ceros en mi cuenta bancaria decidí vender el lugar y unir todo lo que tenía para comprar algo mejor y que me pudiese apostar mucho más.

Después de aquello había conseguido un lugar en el centro de la ciudad y repeti exactamente la misma operación previa unas tres veces más. Evidentemente mientras esto pasaba yo me seguía formando en el tema; leía libros y me comencé a codear con personas con años de experiencia en el sector de bienes raíces (quería hacer futuros socios también).

Los resultados

Es así como de aventura en aventura, en unos cuantos años puedo fundar mi propia empresa inmobiliaria y puedo vivir de esto. Yo era el jefe pero conseguí reducir mis funciones al mínimo, por lo que el año pasado me conseguí jubilar de una vez por todas, eso sí, mis cuentas siguen subiendo como espuma.

Lo mejor de todo es que actualmente puedo vivir mis sueños en carne propia; me permito viajar por el mundo prácticamente a donde me dé la gana, mi familia vive en la comodidad financiera absoluta y prácticamente no me tengo que preocupar por nada que no sea vivir la vida y ser feliz.